Home IJ Profesional Entrevistas Noticias
Legal EnglishLaw & TechnologyCommunication for Law FirmsManagement & MarketingTalent & PeopleEnvironmental IssuesEnergy & MiningMediation & ArbitrationBusiness Risk Management
Volver
30 de Noviembre de 2011
FacebookTwitterLinkedInEmail
Rolon, Avelino
Hacer carrera en un estudio
El Dr. Avelino Rolon es socio de la sede local del estudio Baker & McKenzie, desde 1996 (ingresó en 1987 como asociado). Su práctica está enfocada en las fusiones y adquisiciones, en el Derecho Inmobiliario y en los litigios. Sagaz en sus respuestas, apunta contra la lentitud de la Justicia, la falta de capacitación y la corrupción en la Argentina.
Los primeros pasos en el mundo del Derecho
Para el Dr. Avelino Rolon, padre de cinco hijos, tenista aficionado, entusiasta de los viajes y un “enfermo futbolero hincha de Huracán”, estudiar Derecho fue una decisión natural, ya que su bisabuelo, su abuelo y su padre ejercieron previamente la profesión. “Vengo de familia de abogados - comenta- y eso me marcó desde que nací.” Hoy representa a la oficina de Buenos Aires en el Latin America Regional Council y en el Policy Committee de la firma Baker & McKenzie.

Los primeros años de experiencia profesional los desarrolló en el ámbito de la Justicia y estuvieron “claramente orientados hacia la búsqueda de una solución justa y ajustada al Derecho”, recuerda. Con el paso del tiempo, y ya del otro lado del mostrador, esa visión cambió para buscar y defender la solución más conveniente para los intereses del cliente; siempre, claro está, dentro de los límites que marcan la Ley y los principios éticos de la profesión.

“Mi expectativa al entrar al mundo corporativo del Derecho fue, simplemente, tener otra visión, otra perspectiva de las cuestiones jurídicas complejas”, rememora el Dr. Rolon. Proveniente del fuero civil, considera que en la Justicia se tiene una mirada más profunda de una materia, pero más parcial, “ya que sólo se aprecian las cuestiones jurídicas que pertenecen a la competencia en razón de la materia”. De acuerdo con su criterio, la complejidad, las diversas ramas del Derecho que pueden confluir en la solución de un problema y en la evaluación de los riesgos por presentar a los clientes, se ven, generalmente, en el ámbito empresarial.
La experiencia como camino
Para Avelino Rolon, socio del estudio Baker & McKenzie, desde 1996, el éxito no está asociado necesariamente con el rédito económico o académico. Sin embargo, considera que hay cualidades que hacen a un “buen” abogado, como el conocimiento de la materia, la preparación, un afinado criterio jurídico para analizar distintas alternativas y para evaluar los riesgos de cada propuesta y un adecuado manejo de la comunicación.

Además, destaca que el dominio de herramientas tecnológicas, la velocidad de respuesta y los consejos breves, claros y concretos “al punto” son condiciones sine qua non del abogado de la década que comienza.

De su paso por el ámbito académico -fue profesor de Derecho Procesal y de Derecho Civil, Parte General, en la Universidad de Buenos Aires, entre 1984 y 1986- afirma que tanto la actividad docente como la redacción de artículos de doctrina “generan visibilidad al abogado, que adquiere un nombre en el campo del Derecho respectivo”. Además, son herramientas de aprendizaje y de actualización permanentes.

La trayectoria del Dr. Rolon incluye también una práctica legal en la oficina de Baker & McKenzie en Chicago, Estados Unidos, entre 1993 y 1994. De esta experiencia, como de cualquier tipo de intercambio internacional, destaca cuatro valores agregados: “engrosa” el curriculum; es un gran aprendizaje para la vida, “estar en contacto con otra cultura es muy enriquecedor”; genera perfeccionamiento del idioma extranjero; y, por último, “brinda la posibilidad de desarrollar contactos que, además de amistades, son fuente de clientes potenciales”.
El estudio puertas adentro
Según la visión del Dr. Rolon, los valores se inculcan, principalmente, “a través del ejemplo y de la cercanía con la gente, trabajando con ella a diario”. Ejemplifica que en Baker & McKenzie cuentan, además, con una plataforma virtual de desarrollo profesional y de las cualidades personales que requiere cada abogado. Su uso y el de herramientas de e-learning nutren y enseñan a los nuevos integrantes.

Al momento de definir el nuevo rol del profesional del Derecho, señala que se trata de un “mix” de consultor legal y abogado/empresario. No sólo debe estar permanentemente actualizado y tener el criterio necesario para brindar soluciones prácticas a sus clientes, también se le exige poseer conocimientos y habilidades empresarias, ya que las compañías hacen participar cada vez más a sus abogados en la toma de decisiones. “El conocimiento de la industria o actividad en la que actúa la institución cliente es absolutamente vital”, asegura.

En un contexto cambiante, el Derecho requiere de profesionales flexibles. Como en cualquier profesión, la agilidad para adaptarse, ya sea en la legislación, en los criterios jurisprudenciales o en los requerimientos de los clientes, “es la base de un buen servicio”.
Brindar el mejor servicio
Dedicado a las fusiones y adquisiciones, al Derecho Inmobiliario y a los litigios, el Dr. Rolon considera que las empresas buscan en sus abogados externos atención personalizada, velocidad de respuesta, consejos concretos y breves, especialización y honorarios previsibles y razonables.

De acuerdo con su criterio, las compañías consideran el estudio externo como a un proveedor de servicio más. Esto significa que existe una despersonalización importante, producto también de que, a diferencia del pasado, ninguna empresa trabaja de manera exclusiva con un estudio. Al mismo tiempo, la relación entre abogado e interlocutor dentro de la compañía es -o debe ser- personal y de máxima confianza. “En este contexto, el abogado debe aspirar a ser lo que en el mercado anglosajón se denomina un trusted advisor (asesor de confianza)”, explicita.

Para el Dr. Rolon, esta misma despersonalización trajo aparejados cambios en la organización y en la manera de seguir prestando servicios de calidad a los clientes. “Son procesos que se dan gradualmente y que nos permiten reajustarnos al mismo ritmo”, sostiene. En este escenario, la asignación de recursos humanos por parte del Departamento de Legales de las compañías se convierte en una pieza clave en la comunicación con el estudio. “Genera un lazo más estrecho ya que permite, al abogado individual y al estudio en general, un mayor compromiso y un mayor conocimiento del negocio del cliente y de los procesos internos”, remarca.

Frente a un contexto en constante mutación, hay premisas que se mantienen. “Siempre apuntamos a la calidad del servicio y la reducción de costos tiene lugar, generalmente, si el servicio prestado es deficiente o si no se ha generado una alta especialización entre los abogados”, concluye.

Frente a un cliente individual o a una gran empresa, el Dr. Rolon explica que en Baker & McKenzie no se hace distinción alguna, siempre y cuando las necesidades de asistencia legal se ajusten a las prácticas del estudio. “Tenemos algunas limitaciones derivadas no sólo de nuestras prácticas, sino también de principios éticos y de políticas internas -aclara. Y ejemplifica-. Generalmente no tomamos la representación de partes actoras en conflictos laborales de naturaleza individual.”

Algo similar sucede frente a la posibilidad de aceptar clientes nacionales e internacionales. Las razones por las que se desestimaría un caso radican no en su geografía, sino en los potenciales conflictos de intereses que pueden derivarse de la representación o del asesoramiento a empresas competidoras o que estén enfrentadas en un conflicto.

Respecto de la organización dentro de su grupo de trabajo, el Dr. Rolon aclara que no existen equipos fijos sino que “se arman en función del proyecto o asunto en particular y de la disponibilidad o especialidad relativa de los integrantes del equipo que se han tenido en cuenta para ese proyecto o asunto”.
Un mercado cargado de desafíos
Para este socio del estudio Baker & McKenzie, su profesión no está exenta de sufrir los vaivenes de un país como la Argentina. Si bien la falta de inversión ha producido un aumento de la conflictividad, generando una mayor actividad en ciertos sectores, no se trata de “una fórmula binaria”. Como contrapartida, existe una superpoblación de abogados y una competencia muy sofisticada. Puertas adentro, el mayor desafío es el establecimiento de políticas tendientes a la retención de los mejores talentos. “Ellos son los que asegurarán la continuidad de nuestra organización”, indica.

Con una mirada optimista sobre la crisis, el Dr. Rolon confiesa que los momentos de turbulencia trajeron aparejadas innumerables oportunidades en el desarrollo de nuevas prácticas, en la atracción de jóvenes talentos y en la contratación de clientes; “y nosotros las aprovechamos”, resume. Observa que el estudio no ha crecido al ritmo que lo hacía en el pasado, pero reconoce que es ésa la norma en el mercado.

Analítico frente a la situación internacional, afirma que el mercado se consolida cada vez más en los Estados Unidos. Explica que han desaparecido firmas importantes y que la tendencia muestra que es posible que las fusiones de estudios continúen. “Con este esquema, probablemente las que sufran sean las firmas medianas. El interrogante que hoy tienen muchos estudios en los Estados Unidos y en Europa es si deben internacionalizarse o es mejor quedarse como firma nacional.”

Otro de los factores que caracteriza la demanda del mercado actual es la oferta de rankings de estudios jurídicos. “Quienes los llevan a cabo han hecho un excelente negocio a partir de las ‘vanidades’ de los abogados -apunta el Dr. Rolon. Y agrega- Hay quienes consultan colegas; otros, clientes; otros se arman casi ‘a dedo’ o por influencias de distinta índole. Como quiera que fuere, hoy se han convertido en una herramienta que, al menos en el nivel global -no tanto en la Argentina-, es importante para compensar a los socios y para seleccionar las firmas en las distintas especialidades. No son determinantes a la hora de garantizar un buen servicio, ni mucho menos; pero en el mundo de hoy no deben despreciarse”.
La especialidad como respuesta a la demanda
En una sociedad cada vez más compleja y conectada, el cliente demanda una mayor especialización por parte del profesional del Derecho. Los desarrollos biotecnológicos, las nuevas tecnologías, la expansión de las redes sociales, los temas relacionados con precios de transferencia, compliance, el cambio climático, las acciones de clase y todas las prácticas que se han generado a partir de diversas políticas estatales son, en sí mismas, hiperespecialidades dentro de la especialidad. “En nuestro estudio consideramos estas prácticas como vitales, con una estrategia definida y con la asignación de los recursos correspondientes”, asegura el entrevistado.

“La capacitación constante es clave; los clientes la aprecian y la buscan a la hora de contratar un especialista -enfatiza Rolon-. Y no me refiero a las áreas legales o regulatorias exclusivamente; el conocimiento acabado de la industria y del negocio específico es esencial. Si bien, generalmente, una mayor noción de los aspectos legales/regulatorios implica un know how de la actividad, los clientes desean que el abogado deje de ser abogado y sea, según el caso, un ingeniero, un bioquímico o un administrador de empresas.”

La excesiva especialidad, sin embargo, sin un manejo de cuestiones básicas generales o aspectos legales fundamentales, lleva a un “confinamiento” del abogado que no es saludable, observa el Dr. Rolon. El “buen” profesional debe tener la ductilidad requerida para manejar un sinnúmero de temas que no necesariamente se relacionen con su materia.
Una visión crítica del contexto actual
Las megatransacciones del mercado argentino, un símbolo de la década del ’90, se presentan esporádicamente. No obstante, y a pesar de la caída de la inversión en el país, el terreno continúa siendo óptimo para este tipo de negocios. Para los abogados, esto representa un desafío en la búsqueda de soluciones. “Si bien han desaparecido esas megatransacciones, no lo han hecho la demanda y la sofisticación de los ejecutivos con los que desarrollamos negocios”, analiza Rolon. Y agrega que la reducción apuntada obligó a un reposicionamiento de los estudios hacia otras prácticas, tanto tradicionales como especializadas, generadas en los últimos años a partir de desarrollos industriales y tecnológicos.

Comparando el mercado local con el brasileño, la Argentina y sus abogados corporativos cuentan con dos ventajas que facilitan las megatransacciones. La primera, la experiencia en este tipo de operaciones y la sofisticación del mercado local. En segundo lugar, las tasas horarias de los profesionales del Derecho son sustancialmente inferiores, no sólo respecto de sus pares brasileños sino prácticamente del resto de la región. “Estas dos circunstancias deberían influir a la hora de decidir la contratación de abogados para gestionar una megatransacción internacional”, finaliza Rolon.

Señala también que en la actualidad existen factores que colaboran con el incremento de mediaciones y de arbitrajes como soluciones para resolver conflictos. “La situación actual de la Justicia no es nueva y no ha cambiado; en la Argentina y en el resto del mundo es lenta y las soluciones siempre llegan tarde –indica y agrega-. Sin dejar de mencionar cuestiones estructurales de nuestro país, como la disparidad y la falta de preparación de magistrados en varias provincias y la corrupción y la politización imperantes.”
De la universidad a la empresa
Para el Dr. Rolon, no existe una diferencia sustancial en el desarrollo profesional que brindan la universidad estatal y la privada. Desde su punto de vista, la primera permite el contacto con una mayor cantidad de realidades, lo que otorga ductilidad y flexibilidad frente a un mundo de situaciones diversas. La universidad privada ofrece, en líneas generales, una mejor formación académica y, probablemente, abre la puerta a mayores oportunidades laborales.

De sus épocas como estudiante universitario destaca que, tanto la buena memoria como el sentido común y a la capacidad para razonar, fueron herramientas igualmente útiles para alcanzar su título de grado.

Según este experimentado letrado, un buen promedio académico, usualmente, asegura una salida laboral más rápida en el ámbito de las empresas y de los estudios corporativos. Pero, al mismo tiempo, la experiencia laboral durante la carrera es invalorable porque se está en contacto con la “materia”, que luego será el ámbito natural y el medio de vida en el que se desarrollará la profesión. “Es una verdadera escuela de vida; en muchos casos, más valiosa que una medalla de oro o que un diploma de honor -considera-. Siempre pensé que aquellos que trabajan durante su carrera universitaria en actividades relacionadas con el Derecho le llevan, al recibirse, ‘varios cuerpos’ de ventaja a aquellos que optaron por concentrarse exclusivamente en el estudio.”
Volver
Ficha técnica
• Se graduó como abogado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en 1983.

• Es socio del estudio Baker & McKenzie, desde 1996 (ingresó en 1987 como asociado).

• Es integrante del Comité de Management del estudio Baker & McKenzie, desde 2004.

• Su práctica está enfocada en las fusiones y adquisiciones, en el Derecho Inmobiliario y en los litigios.

• Realizó una práctica legal en la oficina de Baker & McKenzie en Chicago, Estados Unidos, entre 1993 y 1994.

• Fue profesor de Derecho Procesal y de Derecho Civil, Parte General, en la Universidad de Buenos Aires entre 1984 y 1986.
Jornada de Nuevos Perfiles de las Medidas Cautelares
24 de Mayo de 2013
Más información
Ciclo de Conferencias Notariado
29 de Mayo de 2013
Más información
El Contexto Internacional y la Economía Argentina - Su Impacto en las Relaciones Laborales
30 de Mayo de 2013
Más información
Los Derechos del Consumidor y el Proyecto de Reforma del Cód. Civ. y Comercial
30 de Mayo de 2013
Más información
Maratón Anual para Matriculados
02 de Junio de 2013
Más información
Política de Privacidad   |   Condiciones Generales de Uso